
Cuando se vive únicamente del turismo denominado de sol y playa, la ciudad cobra vida unos meses, y es cierto que durante esos días de afluencia masiva la mayoría de los negocios parecen ganar lo suficiente como para poder vivir el resto del año, quedando la localidad vacía y apagada.
Esta es la prueba de que es un turismo que deja dinero en la hostelería y en otros comercios, sin embargo, los propios habitantes quedan invadidos en verano y con la sensación de ser extraños en su propio pueblo. De otoño a primavera, tenemos que seguir viviendo, pagando gastos e impuestos, pero los servicios brillan por su ausencia y con un patrimonio que queda olvidado.
Tenemos un centro histórico Bien de Interés Cultural, es decir, un Conjunto Histórico donde no se cumplen las normativas, o quizás sólo se obliga a que las cumplan unos pocos. “De la calle vendrán y de tu casa te echarán”, dice el refrán. Cualquiera podría decir que no está declarado BIC. Pero existen otros muchos monumentos abandonados como son las propias murallas, donde la arboleda suele crecer entre grietas, sí, árboles, han leído bien. La iglesia de Santiago está a punto de desaparecer. Después de tantos años, sigue sin consolidarse su emblemática espadaña ni limpiarse la maleza que se ha ido apoderando del inmueble, pero no sólo maleza, pues vecinos usan el terreno para la siembra de productos de la huerta como tomates, pimientos, e incluso frutales.
El Castillo de Santa Catalina cada vez sufre más deterioro, a su interior entra cualquiera, podemos ver tras las almenas, hasta pintadas. Es decir, este otro BIC también está abandonado.
Como ciudadano me da vergüenza que estos dos últimos monumentos estén en la Lista Roja del Patrimonio de Hispania Nostra, que dan a conocer aquellos elementos del patrimonio cultural y natural de España que están en riesgo de desaparición, destrucción o alteración significativa.
Sí, todo es cuestión de dinero y papeleo, pero esto no lleva unos meses de abandono; son muchos años y aún no se ha hecho nada. El tiempo corre en contra de ellos. ¿O quizás es lo que se busca? ¿Se pretende que terminen cayendo para construir edificios con pisos turísticos u hoteles? Recordemos “Apartamentos La Residencia” invadió terrenos que no eran suyos, destrozando parte de las capillas de la iglesia de Santiago como la de la Encarnación y todos sus enterramientos. Un patrimonio que se tira a la basura en favor del bien de un particular. Por cierto, la puerta que impide el paso al camino de ronda de la muralla, también forma parte de este negocio hostelero.
Perdemos identidad por dinero de unos pocos. Dejamos de ser quienes somos para ser lo que los que vienen de fuera quieren que seamos. Personalidad 0. Eliminamos y parece ser que seguiremos eliminando poco a poco rincones, calles, zonas, barrios en favor de los que vienen de fuera. ¿Invertir en Tarifa? Por supuesto que sí. Pero hacerlo a cambio de tirar por tierra años de historia, de personalidad, de patrimonio, de sociedad… NO. ¿Qué nos prometen? Pisos turísticos y hoteles. ¿Y para los que residen todo el año aquí? Ni un céntimo invertido. No se entiende.
Si ustedes van a ciudades como Santiago de Compostela o Mérida, por cierto, las únicas capitales de las CCAA que no son capitales de provincia y que son Patrimonio Mundial, podrán ver que sus Conjuntos Históricos se conservan y respetan de manera extraordinaria, donde todo se adapta a la actualidad, lo que no se contradice con tirar y hacer de nuevo plantando en medio un bloque de hormigón para el turismo.
Quizás el turismo que reciben allí es constante y aprecian el valor que tienen. Aquí ni nosotros mismos respetamos lo que tenemos porque no lo valoramos, ¿cómo vamos a hacer que los que vengan de fuera lo hagan?

Recientemente se ha paralizado un proceso de cambio radical de urbanismo, lo que venían llamando “frente litoral”; gracias a que los propios ciudadanos se han levantado e intentado defender lo que es nuestro. Repito, paralizado.
Antes de crear esas nuevas oportunidades, es primordial salvar lo que aún nos queda de Tarifa, que es nuestra historia; afianzar la identidad, cuidar lo que hay y, muy importante, ponerlo en valor. Parece que es más fácil esperar a que todo se caiga y aprovechar para construir viviendas para los que vienen a pasar vacaciones, pero nos olvidamos de los que viven aquí.
Nos estamos olvidando de unas fortalezas que tiene Tarifa en su DAFO, que son impresionantes. El problema quizás es que con ellas no se gana tanto dinero en tan poco tiempo, o mejor dicho, no es un dinero fácil, hay que trabajarlo. Pero continuar el proyecto paralizado, bajo mi humilde opinión, no es un bien para Tarifa. Es empezar la casa por el tejado… Porque si no sabemos cuidar lo que ya teníamos de una herencia gratis con unos valores históricos, artísticos, sociales, documentales, además de económicos que son incalculables, ¿cómo vamos a cuidar lo que aún no existe, sacrificando una parte, si bien es cierto no forma parte del Conjunto Histórico, forma parte ya de la identidad y que su único valor se medirá en euros?
Pienso que es importante intentar rehabilitar el Conjunto Histórico, pues no puede ser únicamente un centro de hostelería. Hay que incentivar que se viva en el Centro, pues los propios vecinos son las que van a mirar por sus propiedades, los que van a cuidar sus casas, y eso repercute en la imagen y en el atractivo de Tarifa. No es lo mismo una ciudad cuidada, limpia y ordenada; a lo que desde hace años tenemos. Y vamos a más (o menos). Desorden, suciedad, descuido, fachadas que se caen, monumentos que se pierden…
¿Hostelería? Sí. ¿Turismo? Sí. Pero también Patrimonio y tarifeños, porque sin ellos, Tarifa no existiría, ni siquiera los bares. Es necesario progresar, por supuesto; pero no a cambio de transformar y perder la identidad. Todo es y debe ser compatible.
El patrimonio también da riqueza y valor, aunque no se quiera ver. La riqueza y el valor está en preservar, no en destruir o dejar morir.
Urgen la iglesia de Santiago, el Castillo de Santa Catalina, la limpieza y mantenimiento de las murallas, así como una ordenación del Conjunto Histórico y un cumplimiento de la normativa.
Arquitectos, arquitectos técnicos, historiadores, historiadores del arte, investigadores, abogados, arqueólogos… Tarifa dispone de todos estos profesionales a los que se puede recurrir y empezar a proyectar y trabajar en la conservación y rehabilitación de sus monumentos más emblemáticos.
¿Para cuándo?
Confío en que todos tomemos conciencia, y no dejemos perder más esa Tarifa que tanto queremos, conservándola lejos de contaminaciones externas y devolviéndole su esencia, su esplendor, su belleza.
