
El 1 de junio celebramos el Día de los Historiadores del Arte, una fecha propuesta por la Asociación Profesional Española de Historiadoras e Historiadores del Arte (APROHA). Ese mismo día, en 1900, se aprobó el Real Decreto que impulsó la creación del Catálogo Monumental y Artístico de la Nación, un hito fundamental para la protección del patrimonio en España.
Hoy es un día para reivindicar la labor de quienes dedicamos nuestra vida profesional a estudiar, investigar, contextualizar, conservar, difundir y poner en valor el patrimonio cultural. Un trabajo que, en muchas ocasiones, es silencioso e invisible, y que aun así realizamos con convicción y entrega.
Este año quiero detenerme en un aspecto que rara vez se menciona: la falta de ética, respeto y reconocimiento hacia nuestra profesión. Cuando investigamos, llegamos a conclusiones, redactamos un artículo y lo publicamos, estamos aportando conocimiento nuevo. Estamos dando valor a aquello que, en la mayoría de los casos, era desconocido. Por eso, cuando se difunden en redes sociales los resultados de nuestras investigaciones atribuyéndolos a otras personas, se está produciendo una forma de discriminación profesional: se invisibiliza nuestro tiempo, nuestro esfuerzo y nuestra dedicación.
No se trata de competir ni de desprestigiar a nadie. Admiro profundamente a muchos colegas cuyo trabajo es admirable y necesario. Pero precisamente porque respeto esta profesión, creo que debemos decirlo alto y claro: todas las investigaciones merecen reconocimiento, también las que nacen desde la cercanía, la constancia y el compromiso con el patrimonio local.
Hoy celebro esta profesión que amo, pero también exijo que se respete. Que se cite. Que se reconozca. Que se valore.
A todos los que trabajan por y para el patrimonio, con rigor y honestidad:
¡Feliz Día del Historiador del Arte!
